martes, 22 de febrero de 2011

de madrugada

El niño quería meterse en mi cama porque había un monstruo en su cuarto. Eso no. Estuve revisando los armarios con él y cuando lo volví a acostar, me asomé bajo su cama y dije con tono amenazante:
- Mañana tenemos que madrugar. No me conoces cuando no duermo mis horas. Vamos a tener la fiesta en paz.
- Compréndeme tú a mi - respondió el monstruo.

2 comentarios:

  1. No hay nada como tener un monstruo. Pide poco y acompaña mucho.

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