sábado, 18 de junio de 2011

No, viajo sola (I)

Este nudo en la garganta no me deja respirar. Siento la cara hinchada como un globo sobrealimentado de aire, la mandíbula desencajada y los ojos a punto de salirse de su sitio. Ahora oigo a lo lejos el ruido del tren. Me produce una sensación de desasosiego y alivio a la vez. En unos segundos todo habrá terminado. Y con todo, mi sufrimiento, y después de todo llegará la paz que tanto anhelo.

Esto que tantas veces he leído es todo cuanto en mis veintiocho años de existencia he podido saber sobre mi madre, la que un día decidió tirarme a la vida, sin más muleta que mi instinto de supervivencia. Aquella noche doña Pura me llevó a su despacho y me empujó hasta sentarme en una de las sillas, abrió mi mano y puso en ella un papel doblado.

- Guárdalo, es de la puta de tu madre –dijo. Ahora vete a dormir. Mañana temprano saldrás hacia la estación.

Al día siguiente me desperté con el brusco zarandeo de una de las cuidadoras. Todavía era de noche y el resto de las niñas dormía. Vi que el papel seguía en mi mano. La cuidadora puso sobre la cama el vestido de las ocasiones especiales; en el suelo, los zapatos de charol negro.

Cuando llegué a la escalera me alegró comprobar que la señorita Elisa me esperaba sonriente al final de ella. Sostenía un abrigo de paño gris y un sombrero de terciopelo. A su lado, sobre el banco de madera, había una pequeña bolsa que supuse contenía el resto de mis escasas pertenencias.

- Cariño, estás preciosa. Vamos, tenemos un largo camino hasta la estación. ¿Te gustan? –me preguntó mientras me ponía el abrigo y colocaba el sombrero en mi cabeza. He ahorrado durante semanas para comprártelos. Esperaba un momento especial.

Metí la nota de mi madre en un bolsillo y salimos a la calle. Después de mucho tiempo respiraba algo distinto de aquel oxígeno enrarecido de la casa, estanco hasta en el patio donde quince minutos al día se nos permitía jugar.

- En casa de tu tía Regina estarás muy bien. Podrás ir a un colegio de verdad y tendrás todo lo que una niña de tu edad necesita. Mira, ya casi hemos llegado.

2 comentarios:

  1. El papel, y ese comentario tan brutal, ya te enganchan al relato.

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